Artículo de opinión publicado en El diario el día 13 de Junio de 2020.

El desafío es lograr dotar a España del paquete legislativo que llevamos años reclamando: ley integral de igualdad de trato y no discriminación, ley LGTBI, ley trans y ley contra los delitos de odio.

Reafirmar el compromiso del PSOE con las personas trans y la lucha por la consecución de sus derechos suena obvio, pero en tiempos de manipulación, tergiversaciones e interpretaciones equivocadas, resulta oportuno recordarlo.

Llevamos 140 años no solo militando en pro de la igualdad, del mundo obrero, de las mujeres sino también de la diversidad sexual y la identidad de género, recogiendo sus reivindicaciones a favor de la plena consideración de sus derechos de ciudadanía y de «no discriminación». No somos mezquinos, como no lo fue Pedro Zerolo en su activismo que compatibilizaba activismo y política para mutuo beneficio; bienvenido/as quienes se han incorporado recientemente a esta lucha para transformarla en mayoría. Esta lucha que comenzó en su gran mayoría los/las trans en todo el mundo y también en España.

Como Partido negamos que el argumentario que levantó polémica sea contra las personas trans, su identidad o sus derechos, sino que nos preocupa la inseguridad jurídica que puede acarrear el automatismo que algunos postulados de la teoría queer proponen para el reconocimiento de la identidad de género. Rechazamos las propuestas que ponen en riesgo los derechos de todas las mujeres y las políticas públicas. Además, creemos que no es ahora, en medio de una crisis social y  económica a causa de la COVID-19, conveniente entretenernos en crear problemas donde no los hay. La medida más importante y de mayor calado social es ofrecer un Ingreso Mínimo Vital para quienes realmente lo necesitan, para crear este colchón social a miles de familias, muchas de ellas también personas trans que estaban abocadas a la ilegalidad o prostitución. Esto es lo realmente de calado que justifica toda una legislatura, materializada con un gobierno socialista, igual que tantos otros derechos que nos igualan como sociedad, entre ellos los sexuales y reproductivos de las personas.

La llamada teoría queer, es una teoría, paralela, que no sinónima, a la lucha de la diversidad LGTBI. La teoría queer evoluciona y varía según quien se postula a favor de ella, porque no es una sola en sí misma, son múltiples teorías que no están ni consolidadas, ni consensuadas, que se presentan sin uniformidad, según culturas y países. No compartimos posicionamientos teóricos que promueven que el sexo biológico es una construcción, porque el sexo biológico es un hecho, independiente y diferenciado de cada persona, con sus múltiples matices, que condiciona la realidad de las personas, y debido a él incluso se suprimen derechos alrededor del mundo, de ahí el planteamiento que aparece en el argumentario que quizás no se haya expresado o interpretado bien: no podemos obviar que «el activismo queer pretende desdibujar a las mujeres como sujeto político y jurídico, poniendo en riesgo los derechos, las políticas públicas de igualdad entre mujeres y hombres y, consecuentemente, los logros del movimiento feminista». Además, en la práctica, la mayoría de las entidades nacionales representativas de las personas LGTBI no la comparte al completo.

No tratamos de cuestionar la realidad o esencia de una persona, su identidad, sino de dignificar sus derechos y que éstos no se diluyan, o se vean finalmente en peligro, por la mala praxis de aquellas personas ajenas al colectivo trans que quieran aprovecharse, con un mal uso, de un vacío legal. No se trata de cuestionar si una mujer trans, es una mujer, sino todo lo contrario, sino de dignificar su derecho a ser, impidiendo que un maltratador aproveche la libre autodeterminación sin ordenamiento para evadir la pena de otras leyes, como la violencia de género. Debemos buscar los elementos jurídicos necesarios, que no sean patologizantes, que nos permita como sociedad tener una ordenación jurídica que asegure los derechos de las personas trans.

Al igual que no podemos cuestionar a las personas trans, ni la legitimidad de su lucha, no se puede considerar, a través de posicionamientos de la teoría queer, el borrado del sexo biológico. Al igual que las mujeres trans existen, porque son mujeres, no podemos permitir que, a través de ciertas teorías minoritarias no consensuadas, en determinadas leyes y argumentos, desaparezca la palabra «mujer», ni que se borre la existencia del sexo biológico de las mujeres cis, y todo lo que conlleva, las mujeres representamos a más de la mitad de la población.

Reiteramos una vez más, que en ningún momento se ha pretendido cuestionar la identidad de una persona, independientemente de su sexo biológico, o el aspecto físico que manifiesta, sino de cómo se traslada al ordenamiento jurídico y qué implicaciones tiene hacerlo, entendiendo que sería importante diferenciar entre su uso como condición de no discriminación y garantía del libre desarrollo de la personalidad y la dignidad de la persona, y el alcance jurídico del uso interesado que de dichos conceptos realizan determinados colectivos que se sienten agredidos por la palabra «mujer» y que incluso pretenden su eliminación, negando la realidad de las mujeres. 

El partido socialista siempre ha luchado por los derechos de las personas trans y su compromiso sigue intacto. La «Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas» fue una iniciativa socialista. Habiendo transcurrido 13 años desde su aprobación, entendemos que debe actualizarse, para garantizar la autodeterminación del género, con toda la seguridad jurídica que impida que los sectores conservadores puedan echar abajo los derechos logrados durante años de lucha y trabajo. Y tanto ha luchado que desde PSOE Madrid se impulsó políticamente a la primera diputada trans, su señoría Carla Antonelli, que va por su tercera legislatura como diputada regional, y dotó a Madrid de leyes tan necesarias. Estas leyes que el Cifuentes, ni Garrido ni menos la Sra. Ayuso se niegan a desarrollar.

No se trata ahora de cuestionar si una persona se siente hombre o mujer, independientemente de su sexo biológico o el aspecto físico que quiera manifestar, sino de cómo se traslada un sentimiento y su expresión –especialmente cuando no se mantiene estable en el tiempo– al ordenamiento jurídico y qué implicaciones tiene hacerlo.

Es tiempo de refrescar esa magnífica cita de nuestro siempre presente Pedro Zerolo cuando decía «los derechos se conquistan, se disfrutan y se defienden»; por ello, toca consenso para seguir luchando junto al movimiento asociativo como lo hicimos hasta ahora con aciertos y errores. El desafío es lograr dotar a España del paquete legislativo que llevamos años reclamando, LEY INTEGRAL DE IGUALDAD DE TRATO Y NO DISCRIMINACIÓN, tal como lo exigen las directivas europeas y quedó votada por consenso en la anterior legislatura sin llegar aprobarse por el adelanto electoral, LEY LGTBI, LEY TRANS en ámbito civil y administrativo. Y la LEY CONTRA LOS DELITOS DE ODIO en el ámbito penal. A por ello/as…