Artículo de opinión publicado el 13.10.2019 en eldiario.es

Abocados ya a una nueva elección general, es entendible que los ciudadanos/as expresen cierto cansancio electoral. Sin embargo, no debemos olvidar el enorme valor de la democracia, y el poder que nos otorga el derecho a voto para elegir el modelo de país en el que deseamos vivir.

En ese contexto, es necesario no perder de vista todo lo que está en juego el 10 de noviembre. Cuando el 28A el Partido Socialista Obrero Español movilizó al electorado de izquierdas con el objetivo de frenar a la ultraderecha, había una conciencia real de esa necesidad. Una necesidad que está tan vigente como hace cinco meses, y que el día a día no hace más que recordárnosla.

En los últimos días hemos vuelto a escuchar proclamas radicales de los líderes del partido Vox. Una de ellas, novedosa, fue desconocer la emergencia climática y tacharla de «marxismo cultural». El absurdo, enmarcado en el discurso de otros populistas como Matteo Salvini o Steve Bannon, es por demás preocupante.

Nadie puede negar las catástrofes naturales cada vez más frecuentes y devastadoras en los últimos años, ni el calentamiento de los océanos, o el aumento de las temperaturas. Recientes estudios de científicos y de organismos internacionales indican que alrededor de 500 millones de personas se desplazarán en los próximos 50 años a causa del cambio climático.

Ante este panorama, el presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha presentado un programa de gobierno en el que atender la emergencia climática es una prioridad. Por un lado, con la transición hacia una economía verde y sostenible. Por otro, con un compromiso solidario para atender a los que sufren las consecuencias de esta emergencia.

En esta línea, los socialistas españoles en el Parlamento Europeo estamos trabajando en la creación de la figura del «Refugiado Climático». Un marco regulatorio que actualice el estatus de refugiado de la Convención de Ginebra (1951), y nos permita ayudar y brindar refugio a las millones de personas que se verán forzadas a abandonar sus poblaciones por el cambio climático. Por cierto, personas que en muchos casos son las menos responsables por la contaminación global, como el caso de las poblaciones residentes en África o en Centroamérica.

Con la figura del Refugiado Climático extendemos la protección que define el Artículo 1A de la Convención de Ginebra de 1951 a la persona que pueda demostrar que se encuentra fuera del país de donde es originario, o bien donde reside habitualmente, debido a un temor fundamentado de persecución por razones de etnia, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas, y que no puede o no quiere reclamar la protección de su país para poder volver. El impacto del cambio climático puede ser una causa más porque esta persona puede carecer de un lugar de residencia al cual volver por la subida del nivel del mar o por un desastre natural.

Con decisión creo firmemente que Europa debe avanzar mientras trabajamos en llegar a un acuerdo con el resto de la comunidad internacional. La propuesta de incluir al «Refugiado Climático» demuestra el compromiso que asumimos de forma activa con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.

El 10 de noviembre, los ciudadanos estarán otra vez ante la disyuntiva de optar por una fuerza política, el PSOE, que asume y trabaja para atender desafíos reales y determinantes como el cambio climático, y otras como Vox, que niegan la realidad, y la ocultan detrás de un discurso tan oscuro como irresponsable. Un discurso que el Partido Popular y Ciudadanos deberían rechazar, como ya lo hace el PSOE en su compromiso diario para frenar a la ultraderecha e impulsar propuestas que nos permitan dejarles un mundo habitable a nuestras hijas e hijos. Esto también decidiremos el 10N.