Artículo de opinión publicado el 18 de marzo de 2020, en eldiario.es

La Unión Europea debe profundizar las políticas de Cooperación al Desarrollo con América Latina. El delicado momento social y político actual, junto con los grandes desafíos globales, ya nos habían advertido la necesidad de retomar el vínculo histórico que ha mantenido a los países europeos y latinoamericanos como aliados naturales durante el último siglo. Pero ahora, con la crisis global causada por el COVID19, y las medidas extraordinarias que se están aplicando en distintos países del mundo, esa necesidad de estrechar el vínculo con América Latina se torna urgente.

Durante los últimos años, hemos sido testigos de guerras políticas y comerciales entre Estados Unidos y China, y Estados Unidos y Rusia, que han convertido a América Latina en una suerte de tablero de ajedrez en el que estos tres países compiten por alcanzar mayor poder económico e influencia política. Ante esa realidad, la respuesta de las instituciones europeas fue prácticamente de repliegue, perdiendo terreno, incluso, en las áreas sociales y culturales; esto es, el vínculo o la solidaridad que debe darse entre los pueblos para avanzar sobre problemas como la pobreza y fundamentalmente la desigualdad, o los retos compartidos, como la igualdad real entre géneros o la emergencia climática.

Este repliegue, a su vez, ha venido acompañado de un enfoque errado, que es el de colocar las relaciones de la UE con América Latina en el mismo nivel que las relaciones de la UE con Asia o Medio Oriente, cuando es evidente que los países latinoamericanos presentan unas condiciones históricas y culturales mucho más accesibles para la construcción de valores europeos fundacionales y compartidos.

La Unión Europea, si quiere ser un actor global no debería distanciarse de América Latina en un tiempo en el que los países de esta región transitan diversas fracturas políticas y sociales. El daño al medioambiente y la represión a los indígenas de la Amazonia en Brasil; la crisis económica en Argentina, la división política en Bolivia; el estallido social en Chile; la falta de avances en el Acuerdo de Paz en Colombia, y la crisis migratoria y humanitaria en Venezuela, entre otras problemáticas, deben convocarnos sin dilaciones a robustecer los proyectos de Cooperación al Desarrollo y la Ayuda Humanitaria con América Latina. Y debemos hacerlo sin aplicar medidas desde el antiguo concepto de cooperante – benefactor, sino desde la visión de partenariado, que refuerce los sistemas públicos de los países latinoamericanos. Para ello, será crucial la definición del Marco Financiero Plurianual (MFF) y en consecuencia como quedará definido el nuevo instrumento de Cooperación, vecindad llamado INDICI (por sus siglas en ingles) y ver cuáles serán los efectos en la economía causados por la pandemia del COVID19.

Sobre esto último, resulta preocupante que no se avance en las negociaciones de este nuevo instrumento y si, tras esta pandemia, se puede incluir o no. Jean Monnet, redactor de aquella Declaración Schuman, decía que «las personas no cambian si no es por necesidad, y solo ven la necesidad en tiempos de crisis». Esta crisis debería constituir una oportunidad para dar un paso hacia delante en fortalecer esta relación UE/LATINOAMÉRICA. Durante la reunión celebrada días atrás entre los jefes de Estado y de Gobierno de la UE y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se adoptó la decisión de crear un «fondo de respuesta» para los Estados miembro que incluye ayudas a los sistemas sanitarios, y también a las empresas y trabajadores que están sufriendo esta emergencia. Se comprometieron 37.000 millones de euros que la Comisión va a movilizar a través de los fondos estructurales y de cohesión, y de las medidas de estímulo económico adoptadas por el Eurogrupo. Sin embargo, nada se ha dicho sobre los fondos de cooperación al desarrollo para terceros países. Si a la UE le está costando controlar esta pandemia, imaginemos cómo impactará en los frágiles sistemas sanitarios públicos de la mayoría de los países latinoamericanos.

La crisis causada por el COVID19 es un alarmante recordatorio de la necesidad de que la UE no se quede atrás respecto al profundizamiento de las relaciones con América Latina. Ahora, en cuanto podamos recuperarnos de esta pandemia, debemos asistir a los países latinoamericanos para luchar contra el COVID19. Mientras que a mediano y largo plazo, la UE debe reimpulsar el histórico lazo que la ha unido con Latinoamérica. Estamos a tiempo de hacerlo, y para eso no debemos perder de vista ese debate y esa necesidad. Ni siquiera en estos momentos de gran responsabilidad ciudadana y dirigencial.