Artículo publicado el 18 de abril de 2020, en el medio digital InfoLibre.

El Pleno del Parlamento Europeo ha debatido este jueves y viernes de forma telemática para aprobar un nuevo paquete de medidas que afronten la pandemia y sus consecuencias económicas. El consenso de la mayoría de los partidos europeos se verá reflejado en una Resolución Conjunta que es histórica por su contenido y por un hecho simbólico fundamental: la institución del Parlamento alcanza acuerdos sobre lo que aún siguen discutiendo los Estados Miembros en el Consejo Europeo y el Eurogrupo.

Por ello, la presión es más fuerte para la reunión del Consejo Europeo del próximo 23 de abril, y la dirección aún más clara: reconstruir Europa con un voluminoso “nuevo plan Marshall europeo”, tal como indicaba el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. El gran avance que supusieron los 540 mil millones de euros anunciados por el Eurogrupo la semana pasada (la mayor movilización de recursos en décadas insuficientemente valorada por algunos medios españoles), requiere ahora de un paso adelante más: mutualizar deuda europea, pudiendo elegir el nombre que se antoje, Eurobonos, Coronabonos u otro, pero deuda con respaldo de todos como expresión de la solidaridad mutua.

Para salir de esta crisis, sin lesionar gravemente la prosperidad económica y la cohesión social de Europa, no podemos repetir los errores de las recetas de austeridad que nos aplicamos en la crisis de 2008 (y aún sufrimos). Hemos aprendido que no podemos disociar los razonamientos económicos de los sociales y de la ecología. El modelo económico europeo debe integrarlos para prevenir desastres económicos, ecológicos, sanitarios y revueltas sociales, abandonar el business as usual e invertir firmemente en el Pacto Verde europeo para garantizar el proyecto europeo como un proyecto de paz y prosperidad, que tenga en cuenta a las personas y al planeta.

Juntos en la solidaridad: abordar las repercusiones para la salud, la sociedad y la economía.

La Resolución del Parlamento Europeo se centra en el impacto de la crisis, incluyendo, entre otros, a la maternidad, las personas más vulnerables de la sociedad, las personas sin hogar, los migrantes, las personas con discapacidad y los trabajadores móviles, así como a las víctimas de abusos domésticos, especialmente mujeres y niños, para quienes propone la creación de “refugios seguros”. Y subraya que las personas con discapacidad deben tener un acceso no discriminatorio a los tratamientos médicos y a la atención urgente, especialmente aquellos que viven en instituciones residenciales, que corren más riesgo de infección.

La Resolución destaca el mecanismo de adquisición conjunta de equipos de protección individual, ventiladores y kits para pruebas, como claro ejemplo de que la solidaridad europea es la manera más eficaz de hacer frente a la crisis. También pide a la Comisión y a los Estados miembros que utilicen este mecanismo también para obtener futuros tratamientos y vacunas a fin de garantizar la igualdad de acceso a Europa y evitar la especulación en los precios.

Como lección aprendida para el ámbito sanitario de la crisis de 2008 y del experimento de austeridad, para no repetir errores, debe reforzarse la inversión en los sistemas nacionales de salud pública y reconocerse, mediante salarios dignos y equipamiento médico adecuado, el gran esfuerzo del personal médico.

En el plano económico, las instituciones económicas europeas responden a la presente crisis del covid-19 con la munición que tienen a mano: El Banco Central Europeo con su programa de adquisiciones de urgencia, con una dotación de 750 millones de euros hasta finales de año, y el Banco Europeo de Inversiones con un fondo de garantía paneuropeo de 25 millones de euros que, combinando su acción con las instituciones y los bancos nacionales de fomento, consigue poner 240 millones de euros a disposición de pymes y grandes empresas en toda Europa.

Pero esto no es suficiente para salir de la crisis. Necesitamos tanto la emisión de bonos europeos, dirigidos a financiar la lucha contra el coronavirus y la reconstrucción de Europa, como la activación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), para habilitar una línea de crédito específica, sin condicionalidad macroeconómica, que garantice la liquidez a los Estados que tengan que hacer frente a los costes sanitarios y sociales, y que evite los diferenciales de los tipos de interés de los bonos públicos nacionales.

Necesitamos la puesta en marcha de un ambicioso paquete de medidas fiscales para impulsar la demanda interna justo después de que salgamos del confinamiento, poner en marcha el régimen de reaseguro de desempleo y aplicar el nuevo Instrumento de Apoyo Temporal para Mitigar los Riesgos de Desempleo en una Emergencia (SURE, en sus siglas en inglés).

Solidaridad y cooperación internacional

La razón de ser de Europa es proteger a sus ciudadanos. Por ello, Europa necesita una estrategia global de recuperación social que incluya los regímenes de ayuda al desempleo ya mencionados, una nueva garantía infantil europea y una estrategia global de lucha contra la pobreza, a la vista del impacto de esta crisis. La pandemia no conoce fronteras y carece de ideología. Por ello, la resolución aprobada insta a los Estados miembros a que adopten iniciativas para ayudar a los países en desarrollo a afrontar las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia y mantener el acceso a los productos sanitarios para estos países. No estaremos a salvo si no combatimos fuera de nuestras fronteras exteriores, si no extendemos la ayuda a nuestros vecinos.

La UE y los Estados miembros deben además hacer un llamamiento a las organizaciones financieras multilaterales para que suspendan temporalmente, o incluso consideren cancelar parcialmente, el reembolso de la deuda institucional para que el cumplimiento de la deuda pueda alinearse con nuestra principal prioridad que es combatir el virus covid-19.

Para ello, será necesario reorientar los fondos y la estrategia, como ha anunciado el Alto Comisionado. El Instrumento de Cooperación al Desarrollo y el Fondo Europeo de Desarrollo, entre otras cosas, para formar, equipar y reforzar las capacidades de diagnóstico de los laboratorios hospitalarios para enfermedades infecciosas y crear salas de cuarentena para presuntos casos. Pedimos a la UE y a sus Estados miembros que establezcan una mayor cooperación y apoyen a los países de América Latina y el Caribe para abordar el problema del covid-19 dados sus débiles sistemas sanitarios. Pedimos, y creo por primera vez con una respuesta positiva por parte de la UE y de Estados miembros que son miembros del FMI, atender los llamamientos de Venezuela a favor de un préstamo de emergencia para luchar contra la pandemia y el aplazamiento de la deuda externa. Pedimos una rápida actualización de la Estrategia Global de la UE a la vista del impacto global de la crisis; llamamos la atención, en particular, sobre la llamada «diplomacia cuádruple».

Esto no es el final sino el comienzo de que algo empieza a moverse. Es necesario valor para aumentar el límite de recursos propios de la UE, para que haya margen suficiente para avalar la emisión de deuda para financiar el Plan de Recuperacion, aún en redacción. Harán falta nuevos impuestos europeos. De lograrse estos primeros pasos que señaló Mario Centeno, presidente del Eurogrupo, cambiaría de lleno la historia de la integración y podríamos estar hablando de la ansiada Unión Financiera y en cierta medida fiscal, y por todo ello la política cobra sentido y se vuelve más útil que nunca. ¿Estamos ante la refundación de Europa? ¿Será la solidaridad la marca de la nueva Europa?